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03 Enero 2006
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DESINTEGRACIÓN BUROCRÁTICA
¿Quién manda en España?
Retratos de época
ANTONIO
YUSTE
ADJUDICAR la capacidad de mando al único titular, el pueblo español, del que según la Constitución emanan todos los poderes del Estado, es un recurso fácil. Artículo 1.2. ¿Qué quiere decir exactamente dicho artículo? Su verdadero significado se logra en el contexto en el que trata de ser eficaz, la Constitución al completo. Es a lo largo de todo el articulado de la Constitución donde el artículo 1.2 se bate el cobre y del que sale muy perjudicado y renqueante. El artículo 1.2 sobrevive desde 1978 en una UVI con ventilación asistida, diálisis, completamente monitorizado y en estado de coma. De poco sirve la solemnidad proclamatoria del artículo 1.2 si los 168 artículos de la Constitución más las disposiciones adicionales —que se las traen—, están consagrados a descafeinar el poder del pueblo y vertebrar el Estado Social Democrático de Derecho, o sea, el engendro. En España el pueblo no manda ni en los pasos de cebra.

Masones regulares
Los españoles, no sin escarmiento y mucho estupor, estamos saliendo de la inopia constitucional en la que todo era optimismo y francachela, pasotismo divertido, en el que la política era para los políticos, allá ellos y que se maten si quieren, la información para los periodistas, las cosas son verdad cuando las dice la televisión, el voto para todos y los jueces, ya se sabe, para servir al poder. Los españoles hemos venido cabalgando a lo largo de la historia, no importa el estrato social o cultural, a lomos de nuestra incompetencia para entender de asuntos capitales para nuestra libertad, bienestar y futuro. Tradicionalmente a los españoles nos ha importado una higa la urdimbre constitucional y la protección de la libertad y como resultado de nuestra actitud desidiosa, nos damos de bruces sistemáticamente, cada cierto tiempo, con situaciones políticas amargas y muy desagradables; en el caso que nos ocupa con el actual régimen partidocrático, hijo del consensismo, del que se ha apoderado, en la hora presente, una capillita trastabillada de masoncitos.

En España no manda el pueblo español. Los españoles no mandamos. Los españoles somos la gran excusa para el martirologio al que nos someten los que de verdad mandan, los partidos y dentro de los partidos, los jefes. Son los que de verdad mandan, influencia amplificada y multiplicada por estar dentro de un régimen sin separación efectiva de poderes. ¿Mandan o reinan? Es difícil establecer fronteras, los jefes de los partidos son un a medias entre tiranos y caudillos. Los estatutos de los partidos, de nuestros partidos, son de corte autoritario, están inspirados en el centralismo democrático, se sirven del sistema de cooptación, no tienen contrapoderes, son de matriz leninista y son los mismos por los que se gobiernan los partidos fascistas, nazis, socialistas, nacionalistas, centristas y de derechas, qué más da, en España y en la mayor parte del mundo, lo que viene siendo así desde hace 100 años. Los estatutos leninistas, los que eficazmente promueve nuestra Ley de Partidos, es toda la fuente de legitimidad que poseen los jefes políticos. Su verdadera fuente de legitimidad es la que les proporciona el actual régimen con la Ley de Partidos, la Ley Orgánica 6/2002 de 27 de Junio y el Real Decreto 2281/1.976 de 16 de Septiembre y la Ley Orgánica 3/1.987 de 2 de Julio sobre Financiación de Partidos Políticos.

La cosa funciona así, los jefes de partido hacen las listas electorales y a los elegidos por sufragio universal se les encuadra dentro de grupos parlamentarios. Los Grupos Parlamentarios tienen un Jefecillo que nombra el Jefe máximo y dicho Jefecillo es el que controla la capacidad de propuesta legislativa y los fondos. Cuando se llega al parlamento sus señorías se ponen a las órdenes de sus jefes parlamentarios a los que prometen obediencia y lealtad y como el Jefecillo no se chupa el dedo, su lealtad la practican dentro un férreo régimen disciplinario y de sanciones. Votan como se les indica y si no lo hacen se les da un paliza verbal, se les sanciona de empleo y sueldo y se les amenaza con las siete plagas. No representan a los electores de su distrito, de ningún modo, representan a sus jefes políticos y en el Congreso y Senado votan como sus jefes políticos indican. Está excluida cualquier otra posibilidad.

¿Y quién elige al Presidente del Gobierno? Lo eligen directamente los empleados de los jefes políticos en el Congreso, esto es, los que comen a cuenta del erario público porque su jefe político [el que les ha metido en las listas] así lo ha querido. Y quién elige al poder judicial, lo eligen los jefes políticos en la cafetería del Congreso o cenando en algún restaurante. Estos son los que mandan. ¿Qué ocurre cuando una camarilla se apodera de una sigla con base social, por ejemplo el PSOE? Pues ocurre que si dicha camarilla consigue ganar las elecciones se apodera de España, y es el caso, para ejecutar su programa oculto.

Una minoría de masones, una de sus ramas, con su cuartel general en Cataluña, bien conectada a Francia, es la que se ha hecho con las siglas del PSOE, con el Estado Español y la que ha puesto presidente: zETAp. Es una minoría a la que se le ha metido entre ceja y ceja volver al siglo XV, trocear España y quedarse con el cáliz y el tesoro. Nadie puede prohibir que la gente se asocie libremente y que se agrupe para defender intereses comunes. La gente se agrupa con ley y sin ley. Lo que sí se debiera poder impedir es que un país como España, con tanta tradición y solera, caiga en manos de unos desaprensivos y quedar huérfanos, de un día para otro, de instituciones y herramientas para defendernos. ¿Cómo se puede impedir? Pues con una adecuada Constitución consagrada a la Causa de la Libertad y la Justicia, que estructure de manera adulta la separación de poderes. La separación de poderes no tiene por meta la eficiencia, tiene por divisa asegurarse que el bien público, el patrimonio común, la voluntad popular no es secuestrada por una minoría autoritaria o por un sociópata, un desaprensivo.

Es malo que los partidos políticos constituyan un vergel para las camarillas secretas y secretistas organizadas, es malo que constituyan un blanco tan fácil por mor de su estructura antidiluviana y opaca. Es malo que una capillita logre el poder y tenga todo el poder, el poder del partido y del Estado. No importa que la capillita sea de masones, cada uno puede ser lo que le dicte su conciencia, es mucho peor, aún más, que se trate de masones hispanofóbicos, de apetito bulímico.

El poder del pueblo, cuando lo es, se transforma en un Congreso y Senado, donde las señorías representan a sus electores, disponen de libertad de voto, capacidad de iniciativa legal, capacidad para revocar el mandato al presidente, incluso si ha sido elegido en elecciones directas y capacidad de control efectiva del Gobierno. ¿Quieren saber cuántos empleados tiene el Congreso de los EE UU? Más de 15 mil, que mantienen más de 400 comisiones y subcomisiones de control y forman los equipos de trabajo de sus señorías. La sensación de actividad que traslada el Congreso Español a través de los medios de comunicación, no es más que eso, sensación y circo. El Congreso no tiene ninguna capacidad de control sobre el ejecutivo. Tantas votaciones como se produzcan, no importa el tema, producirán siempre los mismos resultados, es indistinto que se trate de una guerra termonuclear o del precio de un kilo de patatas, el pueblo español votará siempre del mismo modo. Cada bancada, independientemente de lo que piensen los electores, votará según la consigna. Lo que tan ponposamente llamamos la voz del pueblo español, la voz de la soberanía popular, son vulgares empleados al servicio del jefe. De sus resoluciones hay que temerse lo peor y se merecen lo que les corresponde, nuestro desprecio. El régimen partidocrático actual se acerca adonde era inevitable, a las puertas de su desintegración burocrática con bronca incluida.


[c] COPIALIBRE. Autorizada su reproducción.
Atracta se inspira en seis principios: 1) ¿dar puntada sin hilo?; 2) si te muerdes
mucho la lengua te desangras;
3) el futuro nunca espera; 4) España, amiga;
5) la transparencia es bella; y 6) esto no es jauja