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REHACIENDO EL CAMINO
Entramos en la era de la Política Total |
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Idelle Weber. Checkerboard EW.2.68, 1968 |
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NINGÚN EXPERIMENTO social puede demostrar a fortiori la veracidad de una teoría jurídico-económica. Muy lejos quedan las ingenuas afirmaciones de Louis Althusser «Esta obra gigantesca que es El Capital, de Karl Marx, contiene simplemente uno de los tres mayores descubrimientos científicos de toda la historia humana: el descubrimiento del sistema de conceptos (o, lo que es lo mismo, del descubrimiento de la teoría científica) que da paso al conocimiento científico de lo que podía llamarse el ContinenteHistoria. Con anterioridad a Marx ya habían sido abiertos al conocimiento científicos otros dos continentes de una importancia comparable: el ContinenteMatemáticas, descubierto por los griegos del siglo V a. C., y el ContinenteFísica, descubiereto por Galileo.»
Fue escrito en 1969. Creyó haber dado con una plantilla metedológica para imponer sobre cualquier realidad social y obtener un diagnóstico irrefutable. ¡Y no le salía de ojo, lo que hay que ver, tanta coincidencia en el remedio! El problema siempre era el capitalismo y la llave de la solución siempre la tenía el mismo, el Secretario General del Partido Comunista de turno. Los experimentos sociales a fortiori, leáse la revolución soviética dirigida por un exiliado ruso en Suiza, Lenin; ó la revolución maoísta dirigida por el Gran Timonel, Mao Tse Tung; ó el experimento autogestionario yugoslavo, dirigida por el bandolero Tito; ó el socialismo albanés, dirigido por el sátrapa Enver Hoxha; ó el socialismo juche o de Corea del Norte, dirigido por una especie de emperador majareta, Kim Il Sung; ó el socialismo cubano, dirigido por un charlatán, Fidel Castro
demuestran lo que decimos. Piénsese en la experiencia nacional-socialista de Hitler, en la experiencia fascista de Mussolini ó, en menor cuantía, la solución practicada por el Generalísimo Franco o Antonio Oliveira Salazar, en España y Portugal, respectivamente, un refrito de soluciones revolucionarias y reaccionarias singulares, sindicalismo más autoritarismo en el caso de Franco y policía política más ostracismo absoluto en el caso de Portugal. Lo de 'Generalísimo', permítanme la licencia, no lo puedo reprimir, debió ser cosa de alguna vedete reciclada para las labores del aparato de propaganda del Bando Nacional.
El determinismo fuerte trasladado a la política a partir de estados totalitarios de distinto signo, analizando caso por caso, ha dejado pruebas de todo tipo, y se me antojan que irrefutables, sobre su gradiente aberrante. La humanidad no se deja reducir por leyes absurdas. No es de recibo el modelo marxista, que imitando a las ciencias, establece:
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Existen leyes sociales precisas |
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Se puden hacer creer mediante elucubraciones que se conocen y dominan |
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Se pude deducir de dichas leyes consecuencias infalibles |
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Consecuencias infalibles que pueden moldearse, por supuesto, según necesidades para pasar de matute los inevitables fracasos en la diagnosis |
Ha sido un determinismo, empero, que aunque funesto, ha sobrevivido en el ámbito de la política de un único plano, hacia la izquierda o hacia la derecha. ¿Qué cosa es esa, se preguntarán? No es nada. Nada. Es un treta para prolongar, para generar la sensación de que es posible demostrar a fortiori (con mayor fuerza y razón) la veracidad de los distintos postulados, más a la izquierda o a la derecha, de la política de una única dimensión.
Y, sin embargo, hay quer decirlo, la política de una única dimensión ha fracasado, es insustancial y no designa cosas o asuntos que puedan ser comprensibles. La política de una única dimensión se limita a crear el embrujo en la opinión pública de que existen opciones contrapuestas, insustituibles o innegociables que están más a la izquierda o a la derecha e incluso en el centro (ilusión óptica). Todo es palabrería y cháchara. Que si centro, que si derechas o que si izquierdas. Es cháchara y palabreo lo que se comercializa como ideología. La política de un solo plano es, en el mejor de los casos, facundia y desparpajo junto a supercherías.
Dícese del que profesa ser de izquierdas, que muestra una mayor devoción por la cultura del deseo y la motivación y dícese del que profesa ser de derechas, que muestra una mayor inclinación a la cultura de la voluntad y la disciplina. Pero dícese. En la práctica vienen haciendo unos y otros lo que es común para la política occidental, aprovechar los nichos que dejan las encuestas cuya opinión modulan los reality-show y los periódicos sensacionalistas como El País. Emboscados bajo la etiqueta de prensa seria y titulares con tamaño tipográfico contenido, cabeceras como El País operan en la práctica como medios sensacionalistas. El sensacionalismo, su amarillismo, está en la melodía y en un estribillo pegadizo que repiten hasta la extenuación.
Las izquierdas y las derechas piensan lo mismo sobre el dinero. Les gusta el ajeno, quedárselo y organizarlo a placer en nombre del pueblo. Ambos, las izquierdas y las derechas, opinan lo mismo sobre la naturaleza incluyente de ricos y pobres, hay ricos porque hay pobres y viceversa. Para la izquierda y la derecha la riqueza suma cero. Los recursos son siempre los mismos y se reparten de ésta o aquella manera, siendo así que el PIB, de creerles, crece por la milagrera. Así es la política de una única dimensión, política de orejeras, supercherías y palabras de paso.
La política de una única dimensión y todo lo que es capaz de concebir, el sistema educativo, el sistema sanitario, el Estado del Bienestar, está diseñada y concebida al margen de las Leyes de la Naturaleza y no goza, por lo tanto, de posibilidades ciertas de sobrevivir, excepto la que se deduce de su inercia histórica, con tanta más fortaleza cuanto más grande es el melindre intelectual, el repulgo ideológico y la idiocia mediática. No es que las leyes de la biología eliminen la Libertad es que contienen la Libertad. Nadie es libre para ser inteligente o tonto, a placer. La Libertad, eso sí, permite simular por cierto tiempo lo uno o lo otro y no de manera indefinida. Las leyes de la naturaleza imponen la Libertad y administrar la Libertad, con la complejidad que la caracteriza, es tarea de los hombres.
La política total, la que llega de la mano de las Leyes de la Naturaleza, con su carga de complejidad, las que incorporan lo extrahumano, lo presente dentro y fuera del Planeta Tierra, la que viene entreverada en la ciencia y el haz tecnológico por el que se hace presente, expanden el tiempo-espacio y contraen la materia con la que tejemos la legislación. Ya no sirven las palabras río, tolerancia, igualdad, emancipación, derechos, felicidad
a las que tanta adición tenemos y que sirven por igual a un propósito o un despropósito. Hace tiempo, mucho tiempo, que Descartes ideó el eje de coordenadas para situar a una mosca en el espacio, la que volaba por su habitación. Desde entonces la ciencia no ha cesado de avanzar. Para andar a vueltas con las izquierdas, las derechas y el centro, con la política de una única dimensión, hace falta disponer de mucho tiempo e infinitas ganas de perderlo. Hemos entrado en la era de la Política Total a la que nada aportan los partidos al uso o las democracias chisgarabís.
El hombre ideó a Dios no por casualidad y eso fue hace mucho tiempo. ¿Tiene pujanza la política de una única dimensión? No. Languidece mecida por el melindre intelectual, el repulgo ideológico y la idiocia mediática. Rehacer el camino, reabrirlo para la razón, es lo que pretende Atractor España. La Política Total es, como poco, tridimensional.
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