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EL DEBER DE ESPAÑA
Hacia una nueva doctrina de seguridad
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ANTONIO
YUSTE
ANTE ATAQUES DE BAJA COTA, fríos (políticas estructurales hostiles), o de cota media, calientes (terrorismo y extorsiones) o de cota alta, choques militares irregulares o guerra abierta, ataques en:
en el área geopolítica histórica (el mundo hispanoparlante):
en el área geopolítica vital que afecta a todas las fronteras de nuestro mar territorial y al área de intercambio;
en el área de las rutas energéticas;
en territorios extrapeninsulares, Baleares,
Canarias, Ceuta, Melilla e islas adyacentes;
o en la península,
la pertenencia de España a distintas organizaciones internacionales, —OTAN, Unión Europea, ONU—, no garantiza nuestra defensa. No la garantizan y existen dudas razonables para suponer que mejoran nuestra defensa.

Nuestra dependencia tecnológica militar, particularmente de Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Alemania, está asociada a contratos de mantenimiento draconianos y a embargos o restricciones en su uso, circunstancias que degradan y deterioran, en ocasiones hasta límites impropios, el conjunto de recursos que asignamos a nuestra defensa.

La relaciones bilaterales especiales en materia de defensa —de existir, si existieran y dejamos dicho que no existen ni con Francia, ni con Alemania, ni con el Reino Unico, ni con Rusia, ni con EE UU— pueden mejorar, es cierto, nuestra posición de partida pero tampoco garantizan en ningún modo y de ninguna manera nuestra defensa. Hablamos de países con capacidad para proyectar su inteligencia convencional, su capacidad de fuego y su capacidad nuclear. El vínculo bilateral está siendo utilizado por las potencias para proyectar su fuerza de manera asimétrica. Son vínculos que obligan al más débil y exonera de compromisos al más fuerte. Son vínculos que no mejoran sustancialmente las necesidades defensivas de los débiles, aspecto que adquiere proporciones colosales, que se multiplica, cuando se trata de España y España es la parte débil del vínculo, debido a nuestras dimensiones geopolíticas de muy difícil manejo y extraña complejidad, por culpa de nuestra memoria histórica alargada, nuestra dimensión mediterránea, atlántica, africana, el tamaño de nuestra economía y nuestra condición de frontera entre culturas que actúa como crisol en tiempos de confianza y, al revés, donde se enervan las tensiones en tiempos de conflicto.

El eje geopolítico, geoeconómico, geomilitar y geocientífico se ha trasladado al Pacífico y se está resolviendo con el advenimiento de nuevas potencias intermedias, China, India, Pakistán y quizá Irán, lo que coincide con el desenganche progresivo de Estados Unidos de Europa. Un desenganche que ha retrotaido a la Unión Europea a las viejas querellas por el espacio vital, una repliegue intelectual, espiritual y material, que se ajusta como anillo al dedo al descenso vertiginoso de nuestro papel en el mundo y a la baja competencia intelectual del liderazgo político europeo, fiel reflejo del nivel de aturdimiento que cambios tan drásticos han producido en los mohosos paradigmas eurocéntricos a los que somos adictos los europeos.

El Siglo XXI, el real y que no se corresponde con el que los analistas europeos administran, ha dejado inservibles todas las doctrinas de seguridad fraguadas durante la Guerra Fría y en los años inmediatos a su conclusión y la que se fraguó en la década de los noventa ha servido, al cabo, para añadir más zozobra al aturdimiento.

En la última década del siglo XX se propaló la especie de que la Unión Europea podría actuar como polo de poder en un mundo que se hacía multipolar. Polo de poder con autonomía para su liderazgo. Los hechos son decisivos. No hay polo de poder, la capacidad europea para proyectar fuerzas no inquieta a las nuevas potencias emergentes y nadie reconoce la autoridad intelectual y el liderazgo de la Unión Europea.

La Unión Europea ha jugado mal, muy mal, sus bazas. La Unión Europea ha errado en todos su cálculos y ha despertado el basilisco de desconfianza hacia las viejas metrópolis imperiales y colonialistas, en estado de duermevela en los corazones de los ciudadanos de Estados Unidos. Occidente se ha partido en mil añicos, la cultura jurídica y política generada por el cristianismo está en fase de descomposición aguda, troceada teológicamente y a cuyos trozos hay que adscribir las distintas familias políticas, desde la extrema izquierda a la extrema derecha.

Es un grado de confusión que se ha trasladado a nuestras doctrinas de seguridad. Para nuestro ministro de Defensa, la Maribono, las Fuerzas Armadas españolas constituyen la avanzadilla de los modernos “soldados sin fronteras” bajo la divisa, “morir antes que matar” —pensamiento profundo para un
porreta pero indigno de un ministro de defensa— al servicio de un Presidente sin Fronteras, zETAp, que conduce los destinos de un país, España, de fronteras territoriales ciertas, pero a merced de los antojos del paladín de la Alianza de Civilizaciones y de un mundo según Él, angelical y buenín, a tiro de piedra de sus encantos personales.

El modelo occidental es un sistema que pivota alrededor de una única fuente energética, los hidrocarburos. Sin una fuente de abastecimiento continua y constante de hidrocarburos, petróleo y gas, el sistema naufraga y la economía mundial en su actual formato colapsa. Recursos escasos para una demanda en fase de crecimiento explosivo.

Hasta hace bien poco importábamos hidrocarburos saturados en sus distintos formatos, petróleo o gas, importábamos liquido oleoso bituminoso y pagábamos la factura correspondiente. Desde hace una década ya no es así. Ahora importamos civilización y nos abastecemos con una mezcla de hidrocarburos saturados, en cuya cadena de átomos de carbono se presentan enlazados los átomos del islam en formato colonizador. Es un tipo de importación que no es posible resolverla con las viejas recetas y las enmohecidas doctrinas de seguridad. Los hidrocarburos cada vez son más caros, precisamente, para fortalecer su componente islámico.

Si se visita nuestro vecino del Sur lo que está al alcance de cualquier observador, es fácil apercibirse de que el islamismo político es la principal fuerza política, muy superior a la que posee el
mahzen, el Sultán, y la catarata de partiditos políticos sin base social y desacreditados hasta cotas patéticas. Es una fuerza política indiscutible que terminará arrollando al Sultán, excepto que el Sultán para sobrevivir pacte con dichas fuerzas. ¿Qué es peor?

Es un islamismo mayoritariamente moderado, de momento, al que le corresponde una cartografía, la del Gran Marruecos, cuya frontera norte se corresponde con la del reino nazarí de Granada y la sur con el Río Senegal. No es una cartografía imaginaria, está impresa en papel y es la misma que exhibe a sus espaldas el Rey Mohamed VI cuando recibe a sus huéspedes españoles, incluido el Rey Juan Carlos y que se ha colado en nuestros hogares a través de la televisión.

Pero no todo el islamismo en Marruecos es moderado. Marruecos es un yacimiento principal de islamismo radical y aporta numerosa fuerza de choque al terrorismo internacional. Pues bien, las escuelas islámicas, los imanes y mezquitas y toda su red de influencia adscritas la islamismo radical tiene como respaldo otro tipo de cartografía, cuya frontera norte coincide con la barrera de los Pirineos y que consideran al-Andalus un territorio a liberar y parte del Gran Marruecos.

En España se escamotea la verdad sobre el particular para no alterar las tesis oficiales, sostenidas, leánlo, por todo el arco parlamentario, y que propagan que el Sultán es el mal menor y la garantía de moderación del régimen alauita. En las elecciones generales de 2002 el Partido de Justicia y Desarrollo, netamente islamista, pasó de 14 a 42 escaños, y no alcanzó más escaños porque tuvo que aceptar para concurrir a las urnas que presentaría candidatos únicamente en 56 de las 91 circunscripciones. Se convirtió en la tercera fuerza política pero sin dichas restricciones hubiera sido la segunda sino la primera fuerza política lo que hubiera provocado un cataclismo político dentro y fuera de Marruecos. La influencia religiosa del Sultán, descendiente del profeta, a pesar de su condición de líder espiritual y jefe religioso de Marruecos, se reduce a cierto control administrativo de 8.600 mezquitas de las 35.000 existentes.

El Sultán, su majzén, su administración paralela a la administración del Estado, constituye en Marruecos, ahora mismo, ya, el principal factor de inestabilidad e inseguridad. Se comporta como un embudo que impide el desarrollo activando el radicalismo social, política e institucional de nuestro vecino del Sur.

Constituiría un asunto relativamente irrelevante en otras circunstancias y sin embargo, maldición, necesitamos importar gas y petróleo que incluye vectores culturales islámicos y estamos sometidos a la guerra de baja cota que nos impone Marruecos con su asalto demográfico, espectacular en todas sus formas, que incluye el atiborramiento de hachis de la península, la presión sistematica sobre Ceuta y Melilla y la imposibilidad de explorar y explotar yacimientos de gas y petróleo en aguas canarias al este de Fuerteventura y Lanzarote y en el Mar de Alborán. Las nueve fronteras del mar territorial que tenemos con Marruecos están sin delimitar y las líneas con cartabón que traza Marruecos imposibilitan que España ejerza sus derechos. La ocupación militar del Sahara Occidental, al margen del derecho y de la Ley, es otro componente de inseguridad de muy graves consencuencias geopolíticas en el Magreb y en el Sahel.

Cuestiones irrelevantes sino fuera porque somos la frontera entre la cultura cristiana, que es una cultura científica y tecnológica y que se expresa en forma de Libertades, Derechos y Obligaciones y que está siendo, dicho con claridad, chantajeada en forma insoportable. Chantaje ante el que estamos más solos que la una con París volcado con el Sultán y Marruecos como aliado estratégico de Washington, a partir del Tratado de Libre Comercio, de intensidad y calado similar a Canadá y México, situación que comparte con Jordania e Israel. ¿Sabe EE UU lo que está haciendo? Ya lo veremos. Nos tememos que no. Lo único cierto es que España no sabe lo que hace.

España no tiene doctrina de seguridad, no la tiene de ningún tipo. El famoso eje de seguridad Baleares, Estrecho, Canarias pasó hace tiempo a mejor vida, lo enterró Felipe González, Aznar no produjo doctrina alguna excepto un cuantos bandazos en el último suspiro, sin explicaciones y sin soporte estructural. En la primera fase de su mandato su política de seguridad giró en torno a la estabilidad del Mediterráneo y el acceso libre al estrecho. En el Libro Blanco de la Defensa, de 2000 en le que se incluía la desaparición del mando aliado de Gibraltar bajo tutela del Reino Unido y que finalmente se consiguió, se añadió la estabilidad del Norte de África. Definición que de todos modos no estaba respaldada en ninguna forma por los respectivos cambios estructurales en el diseño de nuestras Fuerza Armadas.

zETAp, por su lado, ha vuelto al estado de indefinición de Felipe González, actúa y se comporta como lo hace Mahmoud Ahmadinejad, el presidente iraní, de manera iluminada y no sabemos si a la espera de la llegada el duodécimo iman. Nadie lo sabe, excepto Él. La falta de Doctrina de Seguridad, se sustituye con una ensalada de vaguedades inconsistentes y muy temerarias.

En el marco que acabamos de describir, resumiendo, España necesita dotar de contenido los siguientes epígrafes, los que propone Atractor España para cimentar una doctrina de seguridad para España y que en buena lid debiera perseguir el consentimiento de todas las fuerzas políticas:
Quintuplicar nuestra capacidad de fuego, terrestre, aérea, anfibia, aerotransportada y logística asumiendo el coste operativo de tal decisión, sobremanera el coste intelectual y moral. Un despliegue medido en el tiempo.
Gobierno electrónico completo de nuestro espacio territorial y geopolítico vital.
Generar fuerza central disuasoria “no-nuclear” y fuerza conjunta, de nuevo cuño, militar-policial-asistencial, para librar las modernas batallas.
Capacidad para proyectar la Política Total, característica matricial del siglo XXI.
Autonomía tecnológica suficiente.
Tejer Alianzas, bilaterales y colectivas, para proteger fronteras conceptuales y expandir valores universales.

Los viejos arquetipos de inteligencia militar y civil se corresponden poco y mal con las necesidades que plantea la Política Total.
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[c] COPIALIBRE. Autorizada su reproducción.
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