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MUERTE Y CAÍDA DE LAS UTOPÍAS
El reino abstracto |
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Utopía social en formato científico |
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BUNDA EL LIDERAZGO político que invoca continuamente al pueblo, que habla en nombre de los intereses del pueblo y escasean los que hablan en nombre propio. Los políticos hablan en plural, en nombre de algún comité ejecutivo impenetrable, en nombre de un gabinete de expertos expertísimos o lo más cómico, en nombre de alguna ideología inmarcesible y eternamente lozana. Entre los que hablan en nombre del pueblo y los que convocan a las masas para recrear su particular manera de entender el ruido político, entre unos y otros, juntos, no da para una hogaza. Y eso es lo que hay. Existe una tentación constante, latente, para que todo se dirima en la calle por la vía de la mayor fuerza.
La invocación del pueblo y de las masas populares, concentradas o en desfile rugiente por las calles del orbe, equivale a la sempieterna oración a los dioses para que otorguen la fuerza y la fiereza necesaria para derrotar al enemigo. El argumento de la fuerza, de la fuerza bruta es el que subyace cuando se invoca al pueblo, cuando las gentes se autopresentan como delegados del pueblo, de un hipotético pueblo homogéneo y lineal, que conduce en línea recta al político de turno.
Sacar al pueblo a la calle es acudir al argumento de la fuerza, de la fuerza bruta y si se consigue que el pueblo ruja, tanto mejor, más fuerza. Es la escenificación de la fuerza bruta, de la determinación a alcanzar los objetivos mediante la fuerza y la intimidación. En los países con baja tradición política democrática, con poca o escasa pasión por el Estado de Derecho, el que se consagra a la preservación de la Libertad y la Justicia, la invocación de las masas populares rugientes, de unos y otros, constituye una seña de identidad. El vigor del Estado de Derecho es inversamente proporcional al uso de las masas rugientes. Cuanto más vacilante es el Estado de Derecho, con escasa base social, mayor es el abuso de las masas populares rugientes. En la misma medida que abundan las ideologías chocarreras con bases totalitarias, entre fascistas y socialistas, abunda el liderazgo político que se autopresenta como paladín del pueblo y sus derechos inalienables, un pueblo lineal y homogéneo que conduce en línea recta a su propia persona.
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En la misma medida que abundan las ideologías chocarreras con bases totalitarias, entre fascistas y socialistas, abunda el liderazgo político que se autopresenta como paladín del pueblo y sus derechos inalienables, un pueblo lineal y homogéneo que conduce en línea recta a su propia persona |
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La res publica durante los siglos XIX y XX estuvo dominada por las utopías abstractas que propendían a la felicidad y a la prosperidad con diversas formulas de ingeniería social, poco modelizadas, de inspiración abstracta, propuestas y defendidas por humanistas y formuladas con los mimbres que el saber de cada época ponía a su disposición. Es un resabio que aun permanece a pesar de la espectacular evolución de las matemáticas, de la física y de la modelización y simulación de sistemas. Permanencia que constituye una anomalía extravagante.
La política, la economía, el derecho sigue dominada por gentes que proceden del campo de las humanidades, ajenos a la ciencia empírica, a la conjunción de saberes, al imprescindible saber multidisciplinar y es un dominio que sigue causando muy graves perturbaciones. Los protagonistas principales de la política occidental, son gentes que en su mayor parte proceden de la administración del Estado (funcionarios), forjados en las humanidades, en las ideaciones abstractas con propuestas no modelizadas o que no superarían el más mínimo test de simulación.
La política necesita más físicos, más ingenieros, más matemáticos, gentes mejor formadas y mejores filósofos. Estamos en el Siglo XXI y la política necesita perder lastre, tirar por la borda a los hagiógrafos de la felicidad infinita y de la prosperidad de todo a cien. Necesita despojarse de los ideólogos de la cháchara y del deseo, esa gigantesca red fluvial que desemboca en el océano de la felicidad. No estamos destinados a la felicidad. No estamos destinados a cosa alguna, estamos destinados, acaso, si tuviéramos destino, a convertir la energía en conocimiento.
Existe la cultura del deseo pero también la del sacrificio y la del esfuerzo, existe además la cultura de la experimentación y de la modelización de sistemas. No sirve todo y cualquier cosa. Sé que son asuntos de difícil digestión para los que proceden del campo de las humanidades y han consolidado en el curso de los años su divorcio de las ciencias empíricas, a las que desprecian en la práctica y malrespetan en público, con soberbia.
El universo no obedece a nuestra voluntad, se rige por leyes de la naturaleza que conocemos en determinado grado y en ningún caso de manera absoluta. Son leyes evolutivas que avanzan al mismo ritmo que nuestro conocimiento y que no podemos desafiar o alterar sin correr graves peligros. Nuestra capacidad de acción e intervención está muy limitada por lo que sabemos y ha llegado el momento de dar el alto a los zombis, esto es, los hagiógrafos de la felicidad infinita y de la prosperidad de todo a cien, emboscados de mil maneras en la ideologías chocarreras inmarcesibles y eternamente lozanas. Los zombis son a nuestros sistemas políticos lo que es la leucemia aguda a las células formadoras de sangre. Los zombis, que abundan, están en todos los ministerios, en los centros académicos, en los medios de comunicación, en le poder legislativo y en el judicial, son la leucemia de los días.
Nuestra voluntad, nuestra capacidad de hacer, su utilidad funcional, está muy circunscrita a nuestra limitada capacidad para modelar nuestra organización social, tanto más eficiente cuanto mejor sostén empírico posea. Y ya.
La proliferación de diosecitos omnipotentes y resabidos es estomagante. De diosecitos que detienen huracanes sacando la lengua a pasear, como lo hizo la ínclita diputada del PSC cuando tuvo que enfrentarse al Katrina; que impiden inundaciones con el calderito de la playa del niño; que detienen el temblor de la Tierra metiendo en la cárcel al técnico de mantenimiento del sismógrafo; que detienen un tsunami de radiación ultravioleta con unas Ray·Ban; que prejubilan con el 115% de sueldo, ganando más por no hacer nada o que, no habiendo quien se oponga, salen a todo por el morro. Necesitamos más físicos, más ingenieros, más químicos, más matemáticos, mejores filósofos y menos, bastante menos, de todo lo demás.
El día 15 de junio, jueves, más | ANTONIO YUSTE |
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El Gran Líder, el superhombre, zETAp |
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Crimen y Castigo |
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DIPTERIUM 1. zETAp, las izquierdas españolas, buena parte de las derechas y los medios de comunición experimentan unas ansias infinitas de paz. Son pocos los que quieren Justicia y Libertad. La mayoría necesita ansiolíticos. Lo siento por la mayoría, no tienen razón y fracasarán. Son mayoría pero muy desacreditada, sin fuerza moral y dividida. Lo que más necesita España es Justicia. Lo que España necesita es la Verdad. Necesitamos Justicia porque lo que sí tenemos es asesinos y abundancia de líderes políticos atrapados en el lado siniestro del 11M. El mayor mérito de zETAp es su pretensión de alcanzar una paz para culminar una guerra inexistente. Si no logra el nobel de la paz se merecería la Laureada de San Fenando por los güevos que le pone. Hay que tenerlos como el caballo de Atila.
DIPTERIUM 2. zETAp, como en Crimen y Castigo, se comporta como un Raskolnikov cualquiera. El espejo le devuelve la imagen de un hombre excepcional, de un superhombre llamado a cambiar la historia, que no debe dejarse someter por conductas morales comunes. zETAp ha venido al mundo a cumplir una misión histórica, a transgedir todo lo que se le oponga para alcanzar sus ideales. La teoría del superhombre y de la mayor conveniencia es bien conocida. Es una sociopatía más, pero
demonios ¿qué misión y qué ideales? |
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