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«CARTAS LIBERCRÁTICAS»
Bin Laden tiene un problema de marketing |
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BIN LADEN tiene un problema de marketing: identifica penosamente a los electores de Occidente. No pilla. Lo que sirve para el electorado español es extrapolable al occidental. Veamos. A la gente de izquierdas se la reconoce por como culean. Tienen un estilo inconfundible. Llevan la palabra pastel inscrita en la forma de caminar. Son personas moralmente rectas, todo pasa por el ano y son lo que cagan. Han venido al mundo a culear. Quieren pastel y paraguas. Siempre lo mismo, pastel y paraguas. Lo pastelean todo en un estilo multi y tolerante con el paraguas del Estado. Los demás son el Estado. Y otra vez a culear. Si tiene duda sobre si culea o no, pídale el DNI. Los de izquierdas nacen en París y consumen formas, estilos y gadgets producidos en EE UU. Odian lo que aman. Pastel o cagada. Pastel y paraguas.
La gentes de derechas son diferentes. Muy diferentes. Se las reconoce por su inconfundible estado zombi. Nunca abandonan la fase zombi. Son muertos resucitados, muertos vivientes convertidos en esclavos del Estado, en esclavos del Estado Flatulento Expandido. Ni inyectándoles sal abandonan el estado de zombi. Si tiene dudas sobre si es un zombi pídale el DNI. Los de derechas nacen en Haití y su religión es el vudú con ingredientes cristianos. Nunca sabrá si se van volviendo o si vuelven yéndose, son zombis y solo escuchan la voz del médium que les esclaviza, la voz del Estado, la voz del EFLE, del Estado Flatulento Expandido.
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Bin Laden dirige la umma, la comunidad musulmana, con mano de hierro al juicio final. Un juicio en el que no se podrán personar las defensas. No sabe a lo que se enfrenta |
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A los nacionalistas se les reconoce por el bulto debajo de la axila. Es un tumor del 9 largo. Llevan la metralla en las cuerdas vocales. Comparten con las triadas chinas la mirada rasgada.
A la gente de centro, que sí, que existen, se las reconoce por su cara de silbato. Tienen un estilo inconfundible. Van al fútbol a ver al árbitro. Si tiene dudas busque en sus bolsillos. Los tienen a rebosar de tarjetas. No les mire a los ojos porque le sacarán la amarilla y si insiste la roja. Son de centro y son los árbitros. No les gusta el fútbol pero sí llevar los bolsillos a rebosar de tarjetas. No viven la vida, la chiflan y financian los extras con la prima que reciben antes de pitar y el resto con el marcador a favor.
Los de izquierda prefieren El Padrino a John Wayne. Asesinan mientras comparten mantel con el Gobernador. Son de izquierdas, es su estilo. John Wayne les parece un baboso, siempre haciendo el bien, incluso a tiros. John Wayne les parece un paleto, un ignorante del crimen de Estado, poco atento con el poder y un estúpido tocapelotas, el típico idiota entrometido. Les gusta el Padrino, la forma de asesinar del El Padrino y adoptan sus mismos gestos. Se ponen amarillos para amenazar, ponen cara de hepatitis, a los Scorsese, y en un contraluz te fulminan. El beso de azufre es la señal. Tienes tiempo para tus últimas oraciones y encargar tu funeral. La mafia asesina con estilo, primero te besa. Es la señal para volver sobre los evangelios según Mateo, Marcos, Lucas y Juan. No hay piedad.
La derecha prefiere Sam Peckinpah a El Padrino. Prefieren el estilo crepuscular y complejo de matar de Peckinpah al estilo rococó, con brillos, de Scorsese. La derecha prefiere la cámara lenta y los personajes complejos, cruzados, atormentandos y sesgados, más zombies, con medium. Se hacen un enorme lío para matar. Los nacionalistas matan como lo hace Tarantino, para ponerlo todo perdido, para que salpique y para que los titulares de los periódicos expidan el típico sabor a óxido que dejan los borbotones. Los de centro prefieren, alternativamente, depende del euribor, a Scorsese, Peckinpah, Tarantino y si sube mucho, cuidado, a Truman, que no era cineasta pero era partidario de las guerras de disparo único. El hongo de Truman revalida la autoridad del árbitro. A los del centro les va el chiflo.
Los de izquierdas, derechas y centro, están unidos por los mismos arreos, les gusta matar por cuenta de terceros. Las leyes les prohíben empuñar las armas y se lo encargan a terceros, a profesionales, al ejército, a la policía o a delincuentes. Es una cobardía autoimpuesta, hacen las leyes para que otros maten y para dejarnos matar. Sus muertos sangran igual pero juegan con su plasma sanguíneo desde la barrera. Los europeos de izquierdas, derechas y centro amaban la Guerra de los Balcanes y nunca encontraron tiempo para acabarla. La Guerra de los Balcanes le ayudaba a pasar el rato y les entretenía. La de los Balcanes fue una guerra concluida por los Estados Unidos. Los europeos pueden sumarse a los Estados Unidos para acabar la guerra de Irak, para amparar un final rápido, pero no es eso lo que quieren. Significaría dejar la parrilla informativa sin casquería y ondas expansivas, sin insurgentes y cadáveres, que tedio, y no es eso.
El error de Bin Laden es no comprender que la guerra televisada empieza a saber a poco a los europeos y a los occidentales, a demasiado lejos. El error de Bin Laden es no entender al buen pacifista, que es lo mismo que no entender a las izquierdas, a las derechas y al centro y equivale a no entender el corazón ideológico de Occidente. El buen pacifista impone la espera y la resignación ante el ataque. El buen pacifista es el que crea las condiciones límite para el exterminio. Su problema, el problema de Bin Laden es no entender a su actual aliado, al buen pacifista y su verdadero rol. Desconoce que el buen pacifista será el que apriete el botón.
Bin Laden dirige la umma, la comunidad musulmana, con mano de hierro al juicio final. Un juicio en el que no se podrán personar las defensas. No sabe a lo que se enfrenta. No pilla que las izquierdas, las derechas y el centro son al siglo XXI lo que fue la peste a la Edad Media y lo que él mismo es a la umma, su verdugo. Bin Laden tiene un problema de marketing. Se dirige a nosotros sin saber lo que somos, lo que realmente somos. No entiende que la guerra televisada suena a demasiado lejos y sabe a poco. Desconoce el jardin en el que se ha metido y en el que ha metido a la umma, la comunidad musulmana. Aquí nadie quiere la paz, son los pacifistas lo que no quieren la paz. Lo lee al revés, no lo ha entendido. Bin Laden mata como lo hace Tarantino, como lo hacen los nacionalistas, con muchos efectos especiales y cansa. Cansan los efectos especiales. Tiene un problema de marketing. No entiende que los pacifistas necesitan las guerras para su provecho. Viven de ellas. Imponen resignación a Occidente con el fin de expandir el odio y sentar las bases para el exterminio fatal. Bin Laden encontrará lo que busca, que uno de los suyos le rebane el cuello. La umma tiene la mosca detrás de la oreja, barrunta que se les viene encima un juicio final fulgurante e improvisado. Todos queremos un juicio final pero justo, con alegaciones y con vistas previas. La umma también.
El día 13 de septiembre, miércoles, más | ANTONIO YUSTE |
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Joan Clos |
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La pasión de Sophie |
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DIPTERIUM 1. Joan Clos juró un ministerio que no era y en rebeldía. Con orden de busca y captura. El cherif del condado de Cook, Illinois, EE UU, sigue sus pasos. Su geta esta clavada en todos los postes de la luz del condado y en la puerta de las peluquerías. Who is this zampabollos? se preguntan en las peluquerías de Cook. Joan Clos era el jefe del Forum Universal de la Culturas, Barcelona 2004, dirigiendo a un Consejo de Administración integrado por Carmen Calvo, José Bargalló, Ernest Maragall, Joan Saura, José Pique y otros 20 cuchufletas. Todos en rebeldía por no pagar sus deudas. Su rebeldía se convertirá en universal, como el Forum, si no abonan los 4 millones de dólares más el 9% de interés anual, condena que dictó la jueza del condado, Sophie H. Hall, el 3 de abril de 2004, y dinero que le deben a Think Big Productiones y Rosalini Film Productions más 3.000 dólares diarios en concepto de multa por desacato. Joan Clos quería una gran dramatización en formato Imax sobre San Jordi para promocionar la imagen de Cataluña. No tiene la película pero tiene la dramatización: ha jurado el ministerio que no era y en rebeldía. |
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