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«CARTAS LIBERCRÁTICAS»
La cárcel verbal |
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LAS CÁRCELES verbales existen. Las crean los regímenes totalitarios y persiguen un propósito: alterar la percepción de la realidad. Es una forma de meter a la gente entre rejas. Son celdas con barrotes más sólidos que los que exhiben las prisiones. ¿Existe el ideario colectivo con traje a rayas? Existe. Algunas personas cuando hablan se les nota primero el traje a rayas que los juicios que emiten. Las cárceles verbales las crea el poder, un poder perverso, naturalmente. ¿Quién sino? Un poder que se sirve de la repetición neurótica, obsesiva de un valor con exclusión de cualquier otro, utilizando la terquedad y la intimidación en un mismo acto o en actos consecutivos hasta alcanzar el objetivo.
La pretensión totalitaria de imponer a la opinión pública que el ácido bórico es un liquidito para matar cucarachas, inofensivo, sin otro tipo de funcionalidad, es un ejemplo de lo que ocurre en las cárceles verbales, en las que se castra la verdad y se mutila el conocimiento con fines aviesos.
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Los intentos de crear una cárcel verbal, protagonizados por Jesús Polanco y Juan Luis Cebrián, dueños del Grupo PRISA, los que están a la cabeza de la contrainformación para ocluir las investigaciones sobre el 11M y que actúan como cerebros y motores de las campañas de desinformación, se están saldando con un sonoro fracaso |
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La cultura totalitaria se reduce a un conjunto de habilidades para apoderarse de las palabras y proporcionarlas el significado más conveniente, en cada caso, para el poder. En para el poder está la primera clave. Para el progresismo progresado la cultura es como un minielectrodoméstico, una batidorcita con funciones polisémicas al servicio del poder, siempre del poder, para conquistarlo o perpetuarse en él. Izquierdas y poder vesánico forman un binomio indisoluble. El progresismo progresado consolida su cultura liberadora cuando consolida su monopolio sobre los medios de comunicación, momento cumbre que le sirve para hacer pública su sociopatía. Es entonces cuando da el paso y sistematiza su gracejo y lo convierte en ética y estética para la liberación la de todo lo que sea liberable, bajo estricto control, es obvio, del poder. Un poder donde se acanalla lo más impresentable, el subproducto biológico consustancial a cualquier sociedad. En el "subproducto biológico" está la segunda clave. La cultura es para el progresismo progresado algo parecido a un minielectrodoméstico que remueve significados como se le antoja al poder. Punto y final. A la derecha, ya se sabe, todo lo que tenga que ver con la cultura se la pela. Es un título que delega en el progresismo progresado. Los electores tenemos donde elegir. Si no estamos contentos con el progresismo progresado o con la derecha tenemos la opción de los nacionalistas, con un ideario idéntico a la grasa saturada.
El progresismo progresado combate la pobreza, apoderándose de la riqueza. Como lo oyen. No creando riqueza, no se equivoquen, que tontería, apoderándose de ella hasta que se acabe. Construyen la historia con hitos donde la gente se rebela, mata a alguien y hace un comunicado. El resto, lo que importa, les interesa un comino. Con las investigaciones esclarecedoras del 11M les pasa otro tanto. ¿Qué explica, cuál puede ser la razón primera para que el Ministro del Interior, José Antonio Alonso, su sucesor, Alfredo Pérez Rubalcaba y el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se opongan con violencia institucional, con fuerza intimidatoria, a que los expertos de los laboratorios científicos de la Policía incluyan la presencia de ácido bórico en las conclusiones de unos análisis periciales que les fueron solicitados. En honor al buen nombre de su profesión, dignamente ejecutada, los peritos están obligados, desde el punto de vista técnico a incluir dicho dato. Lo alarmante, lo de verdad preocupante, hubiera sido todo lo contrario, que conociendo el papel del ácido bórico en los compuestos explosivos omitieran su presencia.
No sé si el ácido bórico tiene algo que ver con el explosivo utilizado en los trenes de Atocha. No viene al caso. No lo sé pero como me intereso por el esclarecimiento de los hechos me congratulo de que nuestro personal de los Laboratorios Científicos de la Policía hagan referencia a dicho ácido si como parece estaba presente en las muestras que les fueron suministradas para su análisis. Lo contrario, detectarlo y no incluirlo en el informe, me hubiera parecido desde el punto de vista profesional imperdonable.
Los intentos de crear una cárcel verbal, protagonizados por Jesús Polanco y Juan Luis Cebrián, dueños del Grupo PRISA, los que están a la cabeza de la contrainformación para ocluir las investigaciones sobre el 11M y que actúan como cerebros y motores de las campañas de desinformación, se están saldando con un sonoro fracaso. Un fracaso que hará historia por tres motivos:
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Su actividad es consciente, premeditada y malintencionada |
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Lo hacen rematadamente mal |
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Los españoles se han dado cuenta de que les quieren inocular, por bemoles, un traje a rayas en el cerebro |
Su comportamiento y obstinación, su terquedad delicuescente, decadente, sin vigor moral, continuamente fallida, se comprende mal. No acierto a entender su actitud, su desprecio por la verdad, que tanto daño hace a su credibilidad como grupo editorial, que tanto perjudica su viabilidad económica y empresarial, excepto que en el empeño se jueguen mucho más que la superviviencia empresarial. Su esfuerzo manipulador ha llegado al punto de convertir a las víctimas del 11M en fachas y al tren que acerca los trabajadores a Madrid de madrugada, en un tren propiedad del PP, repleto de gentuza de derechas, que quieren acabar, abusando de su dolor, con el progresismo progresado mundial. Se han vuelto locos y se han propuesto enmajaretar a toda España, empeño estúpido.
Comprendo menos, lo confieso, el papel que desempeñan los periodistas a sueldo que se han sumado a la desinformación y al encubirmiento siguiendo órdenes en las que no creen, apostando toda su vida profesional a una carta perdedora y sabiendo como saben, porque lo están empezando a verbalizar, que han empezado a descender en un pozo negro, muy profundo, con mucho lodo en el fondo. Servir a la mentira destruye a los que sirven.
No hay seis patentes, hay muchas más. Las razones para usar ácido bórico en un explosivo son variadas. Se puede usar como componente inicial y como componente complementario y dado que las relaciones entre sayones y asesinos no importa el continente, sobre todo entre terroristas, han sido repetidamente datadas, lo suyo es suponer que si las FARC utilizan con profusión explosivos con ácido bórico y los ha utilizado el IRA, los puede haber utilizado ETA o sus compinches. Sería injustificable que un laboratorio policial se saltara a la torera dicho indicio tanto si se demuestra decisivo como anecdótico.
El día 10 de octubre, martes, más | ANTONIO YUSTE |
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Johan Hagaman |
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El fracaso de las masas |
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DIPTERIUM. Las noticias son usadas por los medios de comunicación para sabotear al poder, para apuntalarlo, para derribar enemigos para cimentar aliados y para hacer favores. Los medios de comunicación, franqueando la delgada línea que separa la verdad de la ficción, han dejado de ser notarios, han abandonado su actividad forense sobre los hechos. Construyen hechos, se inventan realidades, las repiten hasta el hartazgo y el que resultare atrapado en dichas realidades, si no le convienen, está jodido. Reconozco que la tentación de construir realidades virtuales que durante un tiempo adquieren apariencia de hechos es muy tentadora. Se llama falsificación de la realidad, algo muy familiar para los grandes medios de comunicación de masas y de factura similar al robo de la silla de zETAp del hemicliclo del Congreso. Es fácil franquear la finísima línea de una profesión que se acreditó por su actividad forense, por dar fe de los hechos con rigor. Traspasar la línea y poner dicha capacidad al servicio de operaciones e intereses de distinto pelaje, desacreditadas en origen, sin pulsión moral, sin interés práctico o rancias, ha servido para sumir a los grandes medios de comunicación del mundo en una crisis de credibilidad aguda. Su crisis se agrava porque la tecnología ha puesto en manos de los individuos uno a uno, su propia capacidad de emitir juicios, realizar prácticas forenses sobre los hechos y crear realidad. ¡Bloggggg!, como dicen los propietarios de los grandes medios de comunicación de masas. Estamos asistiendo, visto desde otra perspectiva, al fracaso de las masas, a la devaluación política del rugido de las hordas. |
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